
Referente a las pascuas celebradas en nuestro pueblo en los duros años de la posguerra- del cuarenta al sesenta- los aguileños que ya hemos pasado al otoño de la vida, si nos acordamos con cierta nostalgia como se celebraba estas fiestas navideñas con un aire de cierta nostalgia. Antes del Concilio Vaticano II, que ahora se cumple cuarenta años de su término, la Noche buena era vigilia de no comer carne, por eso los mejores pescados de nuestro mar eran servidos en las mesas de los más pudientes, como era el gallo pedro, el rape, o el mero, y después de la Misa del Gallo, se podía comer el pavo u otra clase de carne. Los menos afortunados se contentaban con el plato bien sabroso de la atascaburra, que Gracias a Dios, todavía muchas familias lo saborean en la noche venturosa de Belén. Eso acompañado de una verdura y vino de la tierra hacia que, después de la frugal cena, la familia y los vecinos mas allegados reunidos al belen o nacimiento, cantaban pascuas como estas: La noche buena se cena/ patatas con bacalao/ ensalada de escarola/ y vino del embocao. Claro que algunos no podían ni comer ese plato navideño, y se iban al pobre jergón con el estómago vacío. Entonces algún aguileño que pasó esa noche en ayunas tuvo el humor de improvisar esta pascua: Las pascuas del tio Jacinto/ vamos a tener hogaño/ acostarnos sin cenar/y amanecer sin un chavo. En contra teníamos al fanfarrón que podía permitirse el lujo de comprar un pavo de aquellos que traían los del campo para comérselo después de la vigilia. Una vez sacrificado el ave, alguien improvisó: Esta noche es noche buena/ Noche de matar el pavo/ y echaremos las plumas/ al vecino más cercano. Los humildes esta noche se sentían los más felices del mundo porque esa Noche Buena podían disfrutar de casi todo acompañado del vino de la tierra, y como postre los ricos dulces caseros acompañados de unas copas de licor. Eso hacía que los vecinos de la calle se juntaban en una de las casas con la sala más grande y comenzaba el jolgorio de las pascuas. Todo servía para acompañar estas tonadas navideñas: el almirez de bronce, la caña cascada de una vieja escoba, y no digamos las zambombas y platillos.
Al alba del día de la Navidad se celebraba la Misa de los pastores armonizada por las diversas Hermandades que rivalizaban en unas pascuas improvisadas
,cada una con su estandarte aguilandero bajo los acordes de la música de cuerda y su respectivo acompañamiento que desempeñaba el oficio de un coro popular. Ante el altar de la Patrona del pueblo cantaban entre otras pascuas: “Oh Virgen de los Dolores/ Una lámpara te falta/. Vamos pidiendo limosna/ para hacértela de plata”. La limosna la pedían, pero no era para ese fin sino para los componentes de la Cuadrilla.
Una vez terminado el oficio religioso, iban por las casas de los amigos o vecinos. Si estaban de luto, se improvisaban letras como sufragio del difunto, y se entregaba la limosna correspondiente, y sin más se marchaban a otro domicilio donde eran esperados. y después de unas pascuas señalando la generosidad de los dueños de las viviendas, estos depositaban en la bolsa de tela el consiguiente donativo, mientras que agasajaban a los componentes de la hermandad con los ricos dulces caseros que para celebrar las Pascuas, las amas de casa habían hecho con tanto esmero.En en salon las bandejas estaban llenas de dulces , como alfajores, mantecados , mostachones y las sabrosas tortas navideñas, que tanto hambre y delicia ha ofrecido a nuestras pasadas generaciones. Con estos dulces iban acompañados de licores y vino dulce que hacían que el guión no dejara de improvisar esas letras tan propias de agasajo a sus donantes.
Con el sonido de las guitarras, bandurrias, y panderetas, el guión o aguilandero, con una copa de revueltillo( coñac y anís), no tenía fin de improvisar esas certeras cuartetas que componen nuestras famosas pascuas aguileñas. Eso ponía en vilo al vecindario que vivía como nadie ese rapto del coplero, arrebatado por las musas más intensas en esa mañana navideña. Así duraba la marcha de las hermandades hasta el día de los Inocentes, pues se celebraba en dos sitios muy distintos de nuestro campo. Uno en el Garrobillo de la Marina de Cope, en donde todavía perdura esta fiesta; y la otra en el Garrobillico , junto a los Arejos. Hoy en día ni la ermita de aquel hermoso lugar está derruida, y su atrio , antaño lleno de gente en esa fecha, es un montón de piedras y de matorrales. . Hubo hermandades que no se recogían en sus casas los cuatro días que duraba la Navidad incluyendo la fiesta de los Inocentes, motivo por el cual llegaban a sus hogares como el gallo del Morón, y ni siquiera cacarear por la afonía y jumera que habían cogido.
Antes de aquellos intensos dias navideños,el pueblo se inundaba de un olor muy apetecible de las toñas o las tortas de pascua,mezclaba con el aroma de la canela,bergamota, o clavo de los mantecados,alfajores o bilbaos que era llevados a los hornos locales para su coccion mientras que en las casas se instalaban los belenes que eran la delicia de los mayores y pequeños.Los barrenderos y carteros mediante unas tarjetas hechas al respecto,recibian las propinas o aguinaldos de los vecinos,mientras que los barberos tambien felicitaban las pascuas a sus parroquianos con frases alusivas en los espejos que colgaban en sus establecimientos.El aguinaldo era de muy poco valor,acaso unos cuantos centimos,pues la economia era apenas de subsistencia.Por eso se cantaba esta conocida pascua:abre la puerta maria/ que te traigo el aguinaldo/una patata cocia/soplale que esta quemando.
Por aquel entonces no se conocía el árbol y los belenes, que por cierto bien pocas personas lo instalaban como era Dª Delfina Medrano, el más famoso, y Dª Dolores Hernández, ambas especialistas en la materia. Los chiquillos íbamos a cantar las pascuas ante el portal de Belén y luego éramos recompensados con la consabida bandeja de dulces. En Águilas, el primer árbol se puso en la casa del pastor evangélico Don León, en la calle Conde de Aranda allá por el año 1890. Esto fue la causa de creer que eso del árbol era una tradición protestante, y por eso no era admitido por las familias españolas. Pero hay que reconocer que lo de este símbolo navideño se remonta al siglo octavo cuando San Bonifacio, Obispo católico al llevar el evangelio a los países germánicos, sustituyó el árbol de los sacrificios paganos-donde colgaban las cabezas de las víctimas-por el abeto repleto de regalos, representando los regalos que el buen Dios nos concede por medio de su Amado Hijo.
Finalizamos con la idea de que antaño se gozaba la navidad con cualquier cosa,maxime cuando se disponia en la despensa de aquellas carnes o dulces que solo en esas fechas se podia disfrutar,cuando en la actualidad,como me dijo una hornera,”la gente ahora esta harta de to” pero por desgracia no saben las delicias tan entrañables que proporcionaba a las familias la tan esperada navidadde antaño
Al alba del día de la Navidad se celebraba la Misa de los pastores armonizada por las diversas Hermandades que rivalizaban en unas pascuas improvisadas
,cada una con su estandarte aguilandero bajo los acordes de la música de cuerda y su respectivo acompañamiento que desempeñaba el oficio de un coro popular. Ante el altar de la Patrona del pueblo cantaban entre otras pascuas: “Oh Virgen de los Dolores/ Una lámpara te falta/. Vamos pidiendo limosna/ para hacértela de plata”. La limosna la pedían, pero no era para ese fin sino para los componentes de la Cuadrilla.
Una vez terminado el oficio religioso, iban por las casas de los amigos o vecinos. Si estaban de luto, se improvisaban letras como sufragio del difunto, y se entregaba la limosna correspondiente, y sin más se marchaban a otro domicilio donde eran esperados. y después de unas pascuas señalando la generosidad de los dueños de las viviendas, estos depositaban en la bolsa de tela el consiguiente donativo, mientras que agasajaban a los componentes de la hermandad con los ricos dulces caseros que para celebrar las Pascuas, las amas de casa habían hecho con tanto esmero.En en salon las bandejas estaban llenas de dulces , como alfajores, mantecados , mostachones y las sabrosas tortas navideñas, que tanto hambre y delicia ha ofrecido a nuestras pasadas generaciones. Con estos dulces iban acompañados de licores y vino dulce que hacían que el guión no dejara de improvisar esas letras tan propias de agasajo a sus donantes.
Con el sonido de las guitarras, bandurrias, y panderetas, el guión o aguilandero, con una copa de revueltillo( coñac y anís), no tenía fin de improvisar esas certeras cuartetas que componen nuestras famosas pascuas aguileñas. Eso ponía en vilo al vecindario que vivía como nadie ese rapto del coplero, arrebatado por las musas más intensas en esa mañana navideña. Así duraba la marcha de las hermandades hasta el día de los Inocentes, pues se celebraba en dos sitios muy distintos de nuestro campo. Uno en el Garrobillo de la Marina de Cope, en donde todavía perdura esta fiesta; y la otra en el Garrobillico , junto a los Arejos. Hoy en día ni la ermita de aquel hermoso lugar está derruida, y su atrio , antaño lleno de gente en esa fecha, es un montón de piedras y de matorrales. . Hubo hermandades que no se recogían en sus casas los cuatro días que duraba la Navidad incluyendo la fiesta de los Inocentes, motivo por el cual llegaban a sus hogares como el gallo del Morón, y ni siquiera cacarear por la afonía y jumera que habían cogido.
Antes de aquellos intensos dias navideños,el pueblo se inundaba de un olor muy apetecible de las toñas o las tortas de pascua,mezclaba con el aroma de la canela,bergamota, o clavo de los mantecados,alfajores o bilbaos que era llevados a los hornos locales para su coccion mientras que en las casas se instalaban los belenes que eran la delicia de los mayores y pequeños.Los barrenderos y carteros mediante unas tarjetas hechas al respecto,recibian las propinas o aguinaldos de los vecinos,mientras que los barberos tambien felicitaban las pascuas a sus parroquianos con frases alusivas en los espejos que colgaban en sus establecimientos.El aguinaldo era de muy poco valor,acaso unos cuantos centimos,pues la economia era apenas de subsistencia.Por eso se cantaba esta conocida pascua:abre la puerta maria/ que te traigo el aguinaldo/una patata cocia/soplale que esta quemando.
Por aquel entonces no se conocía el árbol y los belenes, que por cierto bien pocas personas lo instalaban como era Dª Delfina Medrano, el más famoso, y Dª Dolores Hernández, ambas especialistas en la materia. Los chiquillos íbamos a cantar las pascuas ante el portal de Belén y luego éramos recompensados con la consabida bandeja de dulces. En Águilas, el primer árbol se puso en la casa del pastor evangélico Don León, en la calle Conde de Aranda allá por el año 1890. Esto fue la causa de creer que eso del árbol era una tradición protestante, y por eso no era admitido por las familias españolas. Pero hay que reconocer que lo de este símbolo navideño se remonta al siglo octavo cuando San Bonifacio, Obispo católico al llevar el evangelio a los países germánicos, sustituyó el árbol de los sacrificios paganos-donde colgaban las cabezas de las víctimas-por el abeto repleto de regalos, representando los regalos que el buen Dios nos concede por medio de su Amado Hijo.
Finalizamos con la idea de que antaño se gozaba la navidad con cualquier cosa,maxime cuando se disponia en la despensa de aquellas carnes o dulces que solo en esas fechas se podia disfrutar,cuando en la actualidad,como me dijo una hornera,”la gente ahora esta harta de to” pero por desgracia no saben las delicias tan entrañables que proporcionaba a las familias la tan esperada navidadde antaño
Fuente Luis Diaz Martinez
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